Si alguna vez me preguntan cuál es la obra ferroviaria inconclusa que más me intriga en México, sin duda hablaría del Ferrocarril San Rafael–Atlixco.

Para mí, y para muchos aficionados, esta línea no es solo un mapa o un sueño fallido; es una cicatriz histórica que se mantiene en pie a pesar de los años, mi reciente aventura a los puentes porfirianos de Ecatzingo fue una expedición para tocar y sentir ese legado, un viaje a un misterio envuelto en la neblina del tiempo y la naturaleza indomable del Popocatépetl.
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El Sueño de Conectar México y Puebla: La Historia del Ferrocarril San Rafael-Atlixco
La historia de este pequeño ramal es, en realidad, la crónica de lo que pudo haber sido uno de los proyectos ferroviarios más importantes de mi país, todo comenzó con la visión de inversionistas, entre ellos el notable terrateniente Íñigo Noriega.

Cansado de cabalgar grandes distancias, Noriega impulsó en 1897 un ferrocarril que no solo cubriría las necesidades logísticas de su momento, como el transporte de pulque, durmientes y troncos para la gigantesca Fábrica Papelera de San Rafael (la más grande de América Latina), sino que se atrevió a soñar en grande.
La licitación fue otorgada en 1898 para construir una línea de 110 kilómetros que uniría la papelera de San Rafael (Estado de México) con la poblaciónindustrial de Atlixco (Puebla). ¡Este trazo era brillante!.
Hubiera sido el competidor más feroz de las grandes líneas ya existentes, como el Ferrocarril Interoceánico, pues ofrecía una ruta mucho más corta, de hecho, el plan incluía la construcción dedos túneles sobre las faldas del Popocatépetl, rozando la línea de prohibición, con la ambiciosa meta de comunicar directamente la Ciudad de México y la Ciudad de Puebla.

Este negocio, aunque espectacular y llamativo para los accionistas, se desvaneció tristemente, la llegada de la Revolución Mexicana hizo trizas el proyecto: los inversionistas fueron señalados por sus lazos con el gobierno de Porfirio Díaz, la papelera cerró y, aunque paradójicamente llegó a dar fondos a los zapatistas, el sueño de los túneles y el ferrocarril quedó inconcluso, hoy en día, quienes somos aficionados, solo podemos maravillarnos con los restos de esta hazaña que nunca se consumó.
Arquitectura Olvidada: Los Puentes Porfirianos de Ecatzingo
Lo que realmente me hizo ponerme las botas y emprender la caminata fue la promesa arquitectónica: los seis puentes porfirianos que sobreviven en el municipio de Ecatzingo, al sureste del Estado de México, estas estructuras son un testimonio mudo de la grandiosidad del proyecto.

Tuve que imaginar a dos cuadrillas trabajando arduamente (una desde Apapasco y otra desde Metepec), buscando encontrarse para consumar la conexión, para permitir que la locomotora atravesara la accidentada geografía, marcada por profundas barrancas, se levantaron estas estructuras en tan solo dos años, es increíble pensar en la laboriosidad del método: piedras volcánicas labradas a mano y laja, unidas únicamente con cal. ¡El Puente del Charrúa, por ejemplo, es una postal de abandono imponente que tuve la fortuna de visitar!
Estos colosos, con anchos que varían de 4 a 6 metros y alturas de hasta 8 metros, estuvieron ocultos por décadas bajo la vegetación, es un verdadero placer saber que, gracias al esfuerzo de los ejidatarios locales, han sido rescatados y forman parte del corredor ecoturístico Tlanamacoyan.

Visitar estos Puentes Porfirianos (Santa Teresa, Fraile, Chilacaxtla, Cuilotepec, Alaja, etc) como se les conoce, construidos entre 1898 y 1900, y ver cómo la naturaleza intenta reclamarlos, me recuerda el valor histórico y arquitectónico que poseen, un valor que el Instituto Nacional de Antropología e Historia ha reconocido oficialmente.
Es importante comentar que el puente porfiriano de Chilacaxtla es el que tiene las mayores dimensiones, en la parte superior de la boveda por la parte exterior se observa una piedra conmemorativa que dice: el 7 de febrero de 1899, Ingeniero Alamazan, Maestro J.L y Sobrestante V. Hernandez.
El Destino Final: La Estación de Ferrocarril de Atlixco, Puebla
El final de este hipotético viaje, en mi mente, siempre se encuentra en la antigua Estación de Ferrocarril de Atlixco, Puebla, ubicada en la calle Insurgentes, esta estación, construida en el siglo XIX y convertida en propiedad federal durante el Porfiriato, fue un sitio de enorme movimiento desde 1890.

La estación era un nodo vital para la región, impulsando la comercialización de la enorme producción azucarera de ingenios como San Nicolás Tolentino, la producción textil de fábricas importantes como La Concepción y La Carolina, y conectando la floreciente agricultura de Atlixco con puntos como Izúcar de Matamoros.
El Ferrocarril San Rafael-Atlixco, habría llegado a esta estación, llevando carga y pasajeros desde la fábrica de San Rafael, pasando por Ozumba, Amecameca y Chalco, y entroncando con la línea de Metepec, es fascinante ver que, a pesar de que el tren ya no pasa, la estación aún conserva sus muros y pisos originales, sirviendo hoy como biblioteca municipal. Este lugar, con su “Trenecito Floral”, es un punto de encuentro que, de alguna manera, mantiene vivo el espíritu de aquel ir y venir de trenes que conectaban la vida de la República Mexicana.
Últimas Palabras sobre los Puentes Porfirianos
Visitar los Puentes Porfirianos de Ecatzingo y rastrear la historia del Ferrocarril San Rafael-Atlixco fue más que una simple caminata; fue un peregrinaje para entender el esfuerzo, la frustración y la fuerza de nuestros antepasados.

Es un sentimiento agridulce: el proyecto, aunque nunca se consumó, dejó una huella tangible en el paisaje. al ver esos túneles olvidados, uno siente la euforia de saberse uno de los pocos que ha encontrado este tesoro arquitectónico y, a la vez, la tristeza de saber que el tiempo y los sismos (como el de 2017) están dañando estructuras como el túnel terminado en 1911.
Es nuestro deber como aficionados conservar y preservar este patrimonio. Cuando vuelvo a mirar al Popocatépetl, estoy seguro de que en sus faldas no solo hay roca y vegetación, sino el sueño más grande de una ruta que pudo haber cambiado a México.